Un refrescante y divertido alto en el camino

Sudor y cacao en Costa de Marfil

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Después de veinte días recorriendo Guinea y otros días más por Senegal, Nico y yo llegamos a Costa de Marfil, también conocido por su nombre francés, Côte d’Ivoire. La entrada al país nos pareció en un primer momento sencilla, pero ya habíamos aprendido que en África las sorpresas están a la orden del día. Llegamos a un puesto militar en mitad de la montaña y Nico fue el primero en entregar su documentación: pasaporte y tarjeta de vacunas… Les pareció todo correcto así que le pusieron el sello de entrada. Y llegó mi turno… Uno de los militares me puso el sello mientras otro nos indicó, muy oportunamente, que yo tenía puesta una vacuna que Nico no tenía. Nos informó de que era «muy importante» ponérsela… por un módico precio, claro. Nico y yo nos miramos… «Amigo, llevamos ya unos cuantos días en África, ya sabemos de qué va el juego». El primer día en Costa de Marfil ya nos encontramos con la ya conocida picaresca africana. Nos echamos unas risas con los militares y, por supuesto, ¡nos fuimos sin vacuna!

Costa de Marfil en datos

País: República de Costa de Marfil
Lema: «Unión, Disciplina, Trabajo»
Capital: Yamasukro / Abiyán
Idiomas oficiales: Francés
Forma de gobierno: República semipresidencialista
Religión: Cristiana y musulmana
Superfície: 322.462 km²
Punto más alto: Monte Nimba
Población total: 22.848.945 habitantes
Densidad: 70,86 hab./km²
Moneda: Franco de África Occidental (CFA)
Uso horario: UTC

(*) Datos obtenidos de wikipedia.org

Gastronomía

La comida más típica y habitual de Costa de Marfil es el fufu, una bola pastosa, generalmente de yuca o plantain (un plátano enorme) hervidos, normalmente servido con una salsa. Otra especialidad que también he podido probar es el llamado «attiéké»: yuca rallada, con una textura parecida al cuscús pero más fino.

En las cafeterías y puestos callejeros también he podido degustar las típicas haricots (judías pintas) con espaguettis. En los restaurantes, llamados «maquis», a parte de cerveza (¡a veces fría!), se puede encontrar carne o pescado a la brasa. En las carreteras me he encontrado muchísimos puestos de venta de fruta: perfectos para parar, descansar y comer. Si lo pides, ¡te la sirven pelada y cortada!

Mujer vendiendo banana frita en láminas en Soubre.

A qué me he viciado 😛

  • Piña fresquita en mitad de la ruta.
  • Bocadillos personalizados al gusto del consumidor: con patatas, cebolla, aguacate…

Moneda y cambio

La moneda legal en Costa de Marfil es el Franco de África Occidental (CFA), al igual que en otros países como Benín, Burkina Faso, Senegal, Guinea-Bissau, Mali y Níger. Para convertir CFA a euros lo mejor es utilizar la equivalencia 1.000 CFA = 1,5 €.

Idioma

El idioma oficial de Costa de Marfil es el francés, pero se hablan unas 70 lenguas étnicas tradicionales, como el diula o moré.

Precios orientativos

  • Seis plátanos: 500 CFA (0,75 €).
  • Piña: 200 CFA (0,3 €).
  • Bolsa de chips de banana: 50 CFA (0,075 €).
  • Plato de arroz: 500 CFA (0,75 €).
  • Barra de pan: 150 CFA (0,2 €).
  • 1 litro de gasolina: 570 CFA (0,87 €).
  • Bocadillo de tortilla de 1 huevo: 300 CFA (0,45 €).
  • Bolsa de agua: 25 – 50 CFA (0,040 – 0,075 €).
  • Botella de agua mineral: 450 CFA (0,70 €).
  • Pollo con patatas fritas: 3.000 CFA (4,5 €).
  • Plato de ensalada: 1.000 CFA (1,5 €).
  • Lata de refresco: 350 CFA (0,55 €).
  • 1 litro de leche: 1.000 CFA (1,5 €).
  • 1 yogur: 300 CFA (0,45 €).

Pedaleando por Costa de Marfil: la ruta

Man – Soubré – San Pedro

A los pocos kilómetros recorridos ya en terreno marfileño nos fijamos en la gran cantidad de camiones cargados con sacos que veíamos pasar por la carretera. Desconocíamos qué contenían, pero nos sorprendió el reguero aromático que tras de sí iban dejando. Cada vez que uno de estos camiones nos adelantaba nos invadía un olor agrio, como de vinagre. ¿Es que lo transportaban en sacos? Una de las primeras noches los vecinos de una aldea en la que paramos a dormir nos desvelaron el enigma. Resulta que lo que transportaban era cacao, sacos y sacos de cacao. Nos llevaron a visitar una de las numerosas plantaciones de cacao que veíamos a los lados de la carretera y, orgullosos, nos mostraron los secretos de su cultivo. Nos explicaron todo el proceso de extracción y producción del cacao, desde el árbol del cacao hasta su semilla. Costa de Marfil es el primer productor mundial de cacao, con una media de 1,2 millones de toneladas al año. Sin embargo, en la gastronomía marfileña es casi un producto prohibitivo, un auténtico lujo que producen en su gran mayoría para los países occidentales.

Árbol, fruto y semilla del cacao.

Y así, de una manera espontánea, descubrimos de primera mano el origen del chocolate que llevamos comiendo desde niños. Si queréis saber más, os recomiendo este artículo de El País sobre la problemática del cultivo del cacao en Costa de Marfil.

Ya sabedores de que nos encontrábamos en el país del cacao, proseguimos nuestra ruta por un escenario que se convertía, a cada kilómentro, en auténtica selva virgen. Esto nos obligaba a buscar aldeas con llanuras para poder acampar. Por supuesto, y como venía siendo costumbre en África, nos recibían con los brazos abiertos, y los jefes de los poblados nos autorizaban enseguida a acampar, además de compartir su comida con nosotros. ¡Qué geniales!

Los niños de las aldeas alucinaban, literalmente, con nuestra presencia. Muchos se ofrecían a ayudarnos a montar las tiendas.

A medida que nos acercábamos a la costa, la humedad nos iba haciendo la vida más imposible. Sudábamos sin parar: durante el día pedaleando; durante la noche dentro de la tienda (fuera nos esperaban los simpáticos mosquitos con malaria y otros paquetes, así que no quedaba otra que sudar dentro de la tienda). Y por la mañana, vuelta otra vez. Nos vestíamos con la ropa mojada, así que éramos humedad personificada 24 horas al día.

La última noche antes de llegar a San Pedro dormimos en Bokanadi, un poblado donde todos sus habitantes eran de Burkina Faso. Habían emigrado a Costa de Marfil para trabajar. Ese día aparcamos la bicicleta temprano con la idea de lavar la ropa y que pudiera secarse. ¡Ni así! Al día siguiente, al despertarnos, nuestra ropa estaba más mojada que cuando la tendimos. Para disimular un poco esa sensación tan desagradable, nos mojábamos el cuerpo antes de ponernos la ropa y, ¡a sudar otra vez!

Izq.: Una mujer prepara un medicamento para el paludismo mientras una niña llora asustada por nuestra presencia. Der.: Peluquería masiva: una misma cuchilla afeita las cabezas de grandes y pequeños.

Mientras pedaleábamos por las carreteras de Costa de Marfil, y todavía ignorantes del contexto en que se producía y produce el chocolate, nos preguntábamos ingenuos: «¿Dónde están los puestos callejeros de chocolate?», «¿Estarán solo en las grandes ciudades?». Estábamos en el país del cacao, así que esperábamos encontrar chocolate, bueno y barato; y puestos y más puestos de venta de tabletas de sorprendentes formas y presentaciones.  Más tarde, unos trabajadores de la ciudad costera de San Pedro nos explicaron que el cacao se convertía en chocolate en las grandes fábricas de Europa; los marfileños no disponían de la tecnología para hacerlo. Una vez más los africanos no podían disfrutar de los frutos de su propia riqueza natural.

San Pedro es conocido por sus tranquilas y bonitas playas.

En San Pedro nos dirigimos hacia la zona de la playa y encontramos un hotel económico y muy tranquilo delante del mar. Fueron unos días de descanso, ¡merecido! Después de días sudando sin parar, agradecimos unas cervezas fresquitas frente al oceáno, ropa limpia, y sobretodo, ¡seca! Pudimos disfrutar de las playas de San Pedro, largas y vacías de los turistas habituales en fin de semana.

San Pedro – Abiyán

Después de los días de descanso en las playas de San Pedro, tocaba ponerse en marcha de nuevo. En la mañana en que teníamos pensado partir Nico amaneció fatal. No había dormido en toda la noche del dolor de cabeza y mareos. Decidimos dejar las alforjas en el hotel y acercarnos al hospital para comprobar si los síntomas eran de malaria. Aproveché y yo también me hice el test, ¡nunca se sabe! Después de esperar una hora (en la que me comí cuatro bocadillos de aguacate en un puesto callejero delante del hospital) nos llamaron para darnos los resultados: ¡dos negativos! Volvimos al hotel, recogimos y nos pusimos en marcha. Nico poco a poco iba mejorando, al final solo era una fuerte fiebre, ¡estábamos teniendo suerte!

Esta vez cogíamos un camino paralelo al mar, hacia el este, que nos iba a llevar hasta Abiyán, la principal ciudad del país. La carretera, a pesar de unir dos de las ciudades más importantes, estaba muy poco transitada y el asfalto estaba en muy mal estado, lleno de baches y agujeros. De hecho, el último resultó ser bastante peligroso: una carretera estrecha para ambos sentidos, y todos los coches con mucha prisa por llegar a la ciudad.

Cruzando el poblado de Koboa-Miagi, sin prisa, y con pausa ;P.

Tardamos cuatro días en pedalear los 370 kilómetros que separan San Pedro de Abiyán. Durante esos días pudimos ver la gran cantidad de plantaciones de palma aceitera del país: hectáreas y hectáreas repletas de disciplinadas palmas. Pudimos conocer también pueblos creados al calor de estas plantaciones: núcleos en que se concentraban los trabajadores de las plantaciones y en los que disponían de los servicios necesarios: agua corriente, electricidad, escuelas, hospitales con médicos… Servicios muy difíciles de encontrar en las áreas rurales. Una vez más fuimos testigos de la deforestación despiadada causada por el cultivo masivo de palma aceitera.

Nico cruzando una plantación de palma aceitera entre San Pedro y Abiyán.

A medida que nos acercábamos a Abiyán el estado de la carretera iba mejorando y había más circulación. Y seguíamos sudando a mares, así que en cuanto veíamos la oportunidad de refrescarnos, no la desperdiciábamos.

Nadie se imaginaba que íbamos acabar todos juntos jugando en el río.

Finalmente llegamos a la ciudad de Abiyán: muchísimo tráfico y edificios grandes en el centro financiero. Por suerte, alejados de la ciudad, en Bingerville, unas monjas amigas de Nico nos acogieron y nos cuidaron durante toda una semana. Aquella semana pudimos tramitar nuestras visas (yo la de Burkina Faso y Nico la de Ghana), descansar, disfrutar de la ciudad y, sobre todo, de la deliciosa comida que nos preparaban las monjas.

Mercado en una de las calles de Abiyán.

Por aquellos días, Nico y yo habíamos pasado ya casi dos meses juntos pedaleando. Habíamos compartido 2.700 kilómetros de aventuras, risas y discusiones, dolores, bocadillos, hoteles (¡y a veces también cama!), pero sobre todo, mucha diversión. En Abiyán nos separábamos, Nico continuaba hacia el este por Ghana, y yo me dirigía hacia el norte para llegar al siguiente y tan esperado país, Burkina Faso. Desde pequeño sabía que era un país con los mayores índices de simpatía del mundo y yo lo quería comprobar.

Abiyán – Katiola – Ferkessedongou

Entre la compañía de Robin, Nico y Roberto, llevaba unos tres meses sin pedalear en solitario, así que debía acostumbrarme otra vez a estar solo. Volvía a ser mi propio compañero de ruta, con quien compartir las decisiones, los dolores y las vivencias. A medida que me iba alejando de la costa y me acercaba hacia al interior, me sorprendió la abundancia de otro tipo de plantación, ¡esta vez de anacardo!

El extraño fruto del anacardo.

Tanto el clima como el paisaje empezaban a cambiar: cada vez el calor era más intenso y más seco, y los árboles que antes me regalaban esas benditas sombras iban desapareciendo. El calor era sofocante, ardía. Tanto que notaba pinchazo en la espalda, las camisetas acabaron quemadas y sin color. Estaba experimentando el preámbulo de lo que me esperaba en Burkina Faso…

¡De camino a Burkina Faso alcancé los 10.000 km!

Antes de cruzar a Burkina Faso decidí pasar la noche en un hotel de Ferkessédougou para cargar las baterías de todos los dispositivos y lavar la ropa. Encontré una comunidad de monjas (Centre d’Accueil Monseigneur Wolff) que ofrecían habitaciones por 3.000 CFA (4,5 euros) y allí me quedé mi último día en Costa de Marfil. Quedaba muy poco para descubrir otro país, Burkina Faso, uno de los más pobres del continente, árido y con la mayor población de elefantes de África occidental…

Track de la ruta

Costa de Marfil en números

Tiempo y distancia

Fechas: 03/02/2017 - 26/02/2017 (24 días)

Distancia recorrida: 1.624 Km

Distancia media por día: 90,22 Km / día

Índice de apalancamiento: 25 %

Presupuesto

Total gastado: 142.8 €

Media de gasto diario: 5,95 €

Visa: 58 €

¿Dónde he dormido?

Hotel: 3 días (13%)

Acampada libre: 1 días (4%)

Poblados: 14 días (58%)

Con familias y amigos: 6 días (25%)

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Comentarios

  1. Ferran, cuantas cosas estamos aprendiendo con tu aventura.
    Africa es nuestro continente vecino y a la vez tan desconocido. Un fuerte abrazo.

  2. Hola Ferran, ya eres uno con África después de tantos días descubriendo y adaptandote a los momentos y circunstáncias. Que la vida siga bendiciendote para cumplir tu objetivo.

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