Cruzando de Argentina a Chile.

Desde El Chaltén hasta Villa O’Higgins en pareja

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¿Os acordáis cuando me quedé a las puertas de la famosa Carretera Austral? Como explicaba en el post anterior, la travesía no iba a ser un paseíto… La ruta que me había planificado incluía las etapas siguientes:

  1. Pedalear desde El Chaltén hasta el Lago del Desierto (40 km)
  2. Coger un barco para cruzar el Lago del Desierto (30 minutos)
  3. Pedalear por caminos estrechos y embarrados hasta la frontera con Chile (5.5 km)
  4. Pedalear por caminos mejor conservados desde la frontera chilena hasta Candelario Mancilla (15 km)
  5. Coger un barco para cruzar el Lago O’Higgins hasta Puerto Bahamondez (2,5 horas)
  6. Pedalear por pista hasta llegar a Villa O’Higgins (8 km)
Mapa del cruce entre Argentina y Chile por el Lago del Desierto.
Mapa del cruce entre Argentina y Chile por el Lago del Desierto.

La ruta se presentaba complicada porque la salida de los barcos en el Lago del Desierto dependía de la climatología y de la cantidad de viajeros que estuvieran esperando para embarcar. Es decir, era posible que una vez allí tuviera que esperar uno, dos o tres días. Por si acaso, cargué las alforjas con comida para cuatro días. En El Chaltén me despedí de la gente que había conocido, y me dirigí hacia el Lago del Desierto pedaleando cual lobo solitario. En pocos kilómetros el paisaje comenzó a cambiar poco a poco… Dejé atrás las largas distancias de pampa bien aderazada por el viento, mientras me acompañaban ríos serpenteantes de agua cristalina, árboles (¡árboles!) y caminos ondulantes.

Camino al Lago del Desierto.
Camino al Lago del Desierto.

A los pocos kilómetros de pedalear por este nuevo horizonte, me encontré con una cicloviajera que… ¡iba en la misma dirección que yo! Se llamaba Fer, era de Ushuaia y pedaleaba en solitario hacia el norte, desde hacía un mes y sin un destino establecido. 

Fer con el Fitz Roy de fondo.
Fer con el Fitz Roy de fondo.

Enseguida congeniamos, así que decidimos continuar juntos hasta alcanzar el Lago del Desierto. Llegamos una hora antes de la salida del barco. Tuvimos muchísima suerte, porque nos confirmaron que el barco salía puntual… ¡y había plazas para nosotros! Así fue, en menos de una hora habíamos cruzado al otro extremo del lago.

Cruzando el Lago del Desierto en barco.
Cruzando el Lago del Desierto en barco.

En el otro lado nos esperaba un muelle, cicloviajeros, mochileros y el puesto fronterizo argentino. Enseguida nos percatamos que hubiera viajeros era una buena señal: significaba que el otro barco que teníamos que coger más adelante estaba funcionando. Ya más tranquilos (estábamos un poco nerviosos por la dificultad y la logística de la ruta), pudimos levantar la cabeza y maravillarnos con el espectacular paisaje que nos rodeaba. Se notaba en el ambiente lo inhóspito y poco visitado del lugar.

Cargando viajeros hacia El Chaltén.
Cargando viajeros hacia El Chaltén.

Los funcionarios del puesto fronterizo nos recomendaron cruzar al día siguiente y nos indicaron un lugar para acampar. Fer y yo, muy obedientes, nos dirigimos hacia el inicio del bosque para montar las tiendas de campaña y cocinar. Ahora sí, estábamos totalmente embargados por el escenario natural que nos rodeaba. Conocimos también a otros ciclistas que habían preferido cruzar a El Chaltén (desde donde veníamos nosotros) al día siguiente, para poder disfrutar de esa naturaleza tan especial y remota.

Antiguo muelle en el otro lado del Lago del Desierto.

Cenamos unos deliciosos fideos con salsa de queso y un té. Hacía bastante frío y estábamos cansados, así que enseguida nos fuimos pronto a dormir. El día siguiente iba a ser duro, así que teníamos que descansar. ¡Y vaya si descansamos! Al final partimos a las 12 de la mañana, no sin antes vivir un alegre encuentro. El barco que llegaba justo cuando nos íbamos descargó a Klaus y Kai, dos ciclistas alemanes que había conocido meses atrás en Tierra del Fuego. ¡Qué bueno fue volver a verlos!

Chubasquero, pantalones de lluvia y una distribución especial del equipaje para hacer frente a un camino lleno de dificultades. Coloqué las alforjas delanteras en la parte superior del transportín y me cargué algo de peso en la espalda para poder aligerar la bicicleta; de este modo sería más fácil poder maniobrarla y empujarla por los caminos estrechos cuando fuera necesario.

Puesto fronterizo argentino en el lago del desierto. ¡Listos para salir!
Puesto fronterizo argentino en el lago del desierto. ¡Listos para salir!

Efectivamente, el camino era duro. A los 100 metros ya tuvimos que bajarnos de la bici y empezar a empujar. Un poco más adelante, nos teníamos que ayudar el uno al otro para poder avanzar. Íbamos por senderos muy estrechos, embarrados, con pendiente y con puentes improvisados con troncos. Tuvimos que organizarnos para poder avanzar: primero movíamos una bicicleta y luego íbamos a buscar la otra. Los tramos que íbamos salvando eran pequeños, pero al final avanzábamos.

Inicio del paso fronterizo con el Lago del Desierto al fondo.
Inicio del paso fronterizo con el Lago del Desierto al fondo.

Durante el camino nos cruzamos con otros cicloviajeros que venían de Chile y, entre bromas cómplices, nos deseábamos buen viaje. Los mochileros nos miraban sorprendidos: ¡alucinaban con nuestra carga de dos ruedas!

Fer avanzando entre árboles.

Después de seis kilómetros empujando la bicicleta el camino empezó a mejorar; eso solo podía significar una cosa: ¡ya estábamos cerca de la frontera! Y así fue, en medio de la nada encontramos un solitario cartel que nos indicaba que estábamos pisando tierras chilenas. Esta vez con mucha alegría, Fer se despidió de su querida Argentina y saludó a una maravillosa carretera de tierra en perfectas condiciones. ¡Hola Chile!

¡Llegamos a Chile!
Último tramo hasta Candelario Mancilla.
Último tramo hasta Candelario Mancilla.

Continuamos el placentero camino chileno durante 16 kilómetros de bajada hasta llegar al asentamiento de Candelario Mancilla, desde donde teníamos que coger el barco para cruzar el Lago O’Higgins. Allí lo primero que nos encontramos fue a un grupo de carabineros, que nos pusieron el sello de entrada al país y nos revisaron el equipaje para verificar que no llevamos ninguna fruta, huevos, ni semillas que pudieran destruir el ecosistema de su país (son muy diligentes con este tema). Uno de los carabineros nos avisó que al día siguiente, a las 6 de la mañana, salía el barco hacia Villa O’Higgins y que había cuatro personas esperando. Fer y yo nos miramos con una sonrisa de oreja a oreja: ¡qué suerte estábamos teniendo! Nos habían explicado que había gente que había tenido que esperar durante una semana a que saliera el barco.

Cerca del muelle encontramos un pequeño establo: al lado de la salida del barco y con tejado, ¡el lugar perfecto para hacer noche! En ese pequeño espacio guardamos las bicicletas, montamos las tiendas de campañas y nos dispusimos a dormir con la esperanza de que nadie nos echara de allí. ¡Volvimos a tener suerte! Al día siguiente, estábamos puntuales en el puerto junto con otros mochileros y, ¡sorprensa!, los hermanos Klaus y Kai, que también iban a cruzar el lago con nosotros. Todos estábamos realmente cansados por la dureza de la ruta, así que la primera hora en el barco la pasamos durmiendo. Menos mal que nos despertamos justo a tiempo para disfrutar del asombroso amanecer patagónico desde el Lago O’Higgins.

En el barco hacia Villa O'Higgins.
En el barco hacia Villa O’Higgins.

Después de casi tres horas de navegación entre sueños, paisajes de postal y mucha alegría viajera, llegamos al puerto Bahamondez. Nos esperaban unos 8 kilómetros para llegar a Villa O’Higgins, así que, raudos, nos enfudamos los guantes y partimos. Eso sí, antes nos tomamos la foto de grupo de rigor: habíamos llegado al final de la Carretera Austral que, para nosotros, sería el inicio de una de las mejores rutas en bicicleta que habíamos hecho nunca.

Fin de la Carretera Austral e inicio de nuestra particular ruta. Con Klaus, Kay y Fer.
Fin de la Carretera Austral e inicio de nuestra particular ruta. Con Klaus, Kay y Fer.

Comentarios

  1. Pues k Dios te acompañe y vaya poniendo Buenas personas en tu camino, k me alegra mucho k vayas acompañado. Un abrazo.

  2. A través de tus relatos, conocemos parte del mundo que un programa de tv, no nos muestra a quienes aun, no nos lanzamos a la aventura de viajar en bici!!!. Abrazos y la mejor energia para que sigas pedaleando por el mundo.

  3. Que interesante y emocionante tu relato, comparto el comentario de Carol, dia tras dia vamos conociendo los pequeños y grandes pueblos por los que vas pedaleando y sobre todo con las buenas personas que vas encontrando en tu camino.Te deseo que sigas disfrutando en este nuevo año 2019. Un abrazo muy muy fuerte.

  4. Ostras!!. Vaya aventura más emocionante!! Y cuantos sitios con sus paisajes estás conociendo y disfrutando, me alegro mucho y que sigas asi todo el viaje y nosotros disfrutándolo desde casa. Un abrazo. soy una amiga de tu madre y tu tía Conchi.Un saludo.

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