Uruguay es famoso por el consumo de carne de vacuno.

Gentes de Uruguay

Mi siguiente destino después de la turística Foz do Iguaçu era Santana do Livramento (todavía en Brasil), ciudad desde la que cruzaría a Uruguay, concretamente a Rivera. Estas dos localidades están, literamente, unidas (o separadas, según se mire) por un calle bulliciosa repleta de comercios y puestos de comida en la que se mezclaban idiomas, comidas, monedas y personas. Una frontera diferente, sin controles ni barreras. No obstante, pude comprobar cómo cada kilómetro que me acercaba a la frontera, los precios se encarecían. ¡Mucho más cuando entré en territorio uruguayo!

Frutas y verduras en una tienda de Santana do Livramento.

Al llegar a Santana do Livramento mi primer objetivo era buscar la oficina de inmigración con el fin de formalizar mi entrada y salida de cada país. El segundo: conseguir pesos uruguayos. No iba a estar mucho tiempo así que no necesitaba mucho dinero; todos los cajeros que encontré me cobraban una comisión que suponía casi el 25% de lo que yo necesitaba, así que decidí cambiar unos euros que llevaba para no perder tanto dinero.

Ya en Rivera, con mi pasaporte listo y mis pesos uruguayos en la mano, lo siguiente era buscar un lugar para comer algo típico del país (😋). Hice un sondeo en profundidad hasta que finalmente la opción más económica fue un plato de milanesa con puré de patatas por 120 pesos (unos 3,5 euros). Finalmente, lo último que debía hacer antes de empezar a pedalear era ir a un supermercado y aprovisionarme para los siguientes días (así también podía analizar un poco los precios, ya sabéis que esto es algo que me gusta hacer). Aquí ya acabé de confirmar lo que todos me habían contado sobre los altos precios de Uruguay.

Por delante carretera, a los lados campos y encima, nubes lluviosas.

El primer día pedaleé unos 80 km. Me detuve en una gasolinera para preguntar si podía colocar la tienda de campaña, de la misma manera que venía haciendo los días anteriores en tierras brasileñas. Pregunté por las duchas y me dijeron, a diferencia de Brasil, que había que pagar y que además no tenían agua fría gratuita. ¡Eh! Pero el wifi sí que era gratuito…

Los siguientes días de pedaleo transcurrieron entre campos de cultivo y arboledas. Era continuo el tránsito de camiones que transportaban troncos perfectamente colocados y de igual tamaño. Aprendí que cariñosamente es habitual llamarlos palitos. Los siguientes días decidí dormir cerca de las comisarías de policía: en la mayoría me permitían darme una ducha, y se situaban en pueblos donde podía comprar comida. Y otra ventaja, también me permitía hablar con policías y otros trabajadores del lugar para conocer de primera mano la situación del país. No dudé en preguntarles sobre los últimos acontecimientos del país y su opinión sobre el famoso expresidente José Mujica. Paradójicamente muchos policías se quejaban de él, cuando su salario se había visto incrementado un 20 % durante el gobierno de Mujica.

Comisaría de policía de Ombúes de Lavalle. En este pueblo el alcalde me ofreció dormir en la iglesia del pueblo.

Otra cosa que me sorprendió es el auténtico fanatismo que los uruguayos sienten por la yerba mate. Una tarde en una comisaría sonó la radio para avisar de un incidente y los policías se prepararon rápidamente, pero hasta que no llenaron el termo con agua caliente no salieron. ¡Cracks! Tenía muchas ganas de llegar a la ciudad de Durazno; allí me esperaban Teresa y Pancho. Había contactado con estos profesores por Warmshowers y estuvieron encantados de recibirme. En Durazno me quedé dos noches descubriendo otras realidades del país y descansando de los días de pedaleo. Teresa y Pancho me hicieron sentir como en casa, ¡fueron unos días estupendos!

Haciendo el tonto delante de casa de Teresa y Pancho bajo la bandera del Frente Amplio.

Uno de los días me propusieron ir a la playa Sauzal; me extrañó ya que Durazno se encontraba en el centro de Uruguay, muy alejado de la costa. Estos uruguayos son unos cachondos… Cogimos sombrilla, sillas y bañador; nos montamos en el coche y la siguiente parada fue… ¡el río! Resulta que la orilla del río Yi era de arena, y a decir verdad, ¡parecía una auténtica playa! Lleno de uruguayos tomando el sol, hablaban mientras se pasaban el mate; los niños se bañaban en el agua y jugaban con la pelota. Pancho y yo nos fuimos a remar un rato con su kayak y luego nadamos  hasta que los peces empezaron a mordisquearnos. Era el momento de sentarse en la hamaca y tomar un mate. El lugar es envidiable, tranquilo y rodeado de una naturaleza arrolladora. ¡Fue un día espectacular!

Con Pancho después de recorrer parte del río Yi en kayak.
Un último selfie con Teresa y Pancho antes de despedirnos.

Me despedí de Pancho y Teresa agradeciéndoles su enorme hospitalidad y su amabilidad, y continué mi camino hacia el sur, en dirección a Colonia del Sacramento. Una noche me detuve en Cardona, un pequeño pueblo que a simple visto me pareció seguro para acampar. Localicé una casita con un jardín en el que la tienda quedaría fenomenal ;). Pregunté a un chico que salía de la casa si podía acampar delante de su jardín, y me contestó que no había problema. Más tarde su madre y su tía se unieron a nuestra conversación, me invitaron a sentarme con ellos para tomar el fresco, sacaron vino y cena y nos quedamos charlando hasta tarde. Como Pancho y Teresa, ellos también simpatizaban con el Frente Amplio y el expresidente Mujica.

Con Nerina y su hermana en la ciudad de Cardona.

Después de 8 días pedaleando desde que crucé la frontera con Brasil, finalmente llegué a Colonia del Sacramento, a 50 km de Buenos Aires, separada de esta por el Río de la Plata. Colonia es una ciudad muy turística debido a su historia, presente en el barrio histórico de la ciudad con construcciones españolas, portuguesas y postcoloniales. Aparqué la bicicleta y paseé por sus calles como un turista más, siguiendo la ruta marcada sobre un mapa que me habían dado en la oficina de turismo.


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